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Con los gatos estamos a tiempo de hacerlo bien

  • Foto del escritor: Adrian Sanz Gazquez
    Adrian Sanz Gazquez
  • 25 mar
  • 2 Min. de lectura

Durante mucho tiempo, el gato no ha sido un animal al que se le haya prestado demasiada atención.


No como al perro. El perro ha tenido:

  • Trabajo

  • Función

  • Entrenamiento

  • Selección dirigida

  • Corrientes, métodos, enfoques

Todo eso ha generado conocimiento. Pero también ha generado ruido.


Con el tiempo han aparecido:

  • Escuelas distintas

  • Formas de hacer opuestas

  • Correcciones a excesos anteriores

  • Incluso debates que ya no son solo técnicos, sino también morales

El resultado es un campo muy desarrollado… pero también muy condicionado por su propia historia.


El gato ha ido por otro camino


El gato no ha pasado por ese proceso.

Durante mucho tiempo ha sido:

  • Un animal funcional

  • Autónomo

  • Poco intervenido

  • Poco analizado


No se le ha entrenado como al perro. No se le ha estructurado de la misma manera. No se ha construido una cultura tan fuerte alrededor de cómo “debe ser”.

Y eso, lejos de ser una desventaja, abre algo interesante.



Menos historia, más margen


Al no tener tantas capas acumuladas, el gato nos deja en una posición distinta.

No hay tantas corrientes enfrentadas. No hay tantas inercias. No hay tantas ideas heredadas que condicionen todo.


Eso no significa que no haya conocimiento. Lo hay. Pero significa que aún hay margen para mirar las cosas con cierta limpieza.



Una oportunidad poco habitual


Con el gato, todavía es posible construir desde:

  • Lo que se observa

  • Lo que encaja

  • Lo que tiene sentido en su forma de vivir

Sin tener que reaccionar constantemente a lo que ya se ha hecho antes.


Es una oportunidad poco habitual:

  1. Entender primero 

  2. Intervenir después


El riesgo de repetir errores


Precisamente por eso, también hay un riesgo.

El de aplicar sobre el gato:

  • Modelos que no le corresponden

  • Formas de interacción pensadas para otros animales

  • Ideas que no encajan con su forma de relacionarse con el entorno

No por mala intención, sino por inercia.


Hacerlo bien no es hacer más


No se trata de intervenir más.

Ni de hacer del gato algo que no es.

Se trata de algo más simple:

  • Entender qué necesita

  • Y no interferir donde no hace falta


Conclusión


Con los gatos, todavía estamos en un punto en el que muchas cosas no están cerradas.

Y eso no es una carencia.

Es una oportunidad.


Porque permite construir una forma de convivir con ellos que tenga sentido desde el principio, sin tener que corregir después lo que nunca encajó del todo.


 
 
 

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